Nuestra puerta de entrada estaba bastante deteriorada por el paso del tiempo y no tenía ningún tipo de moldura que la hiciera lucir más bonita o acorde con el estilo de nuestra casa. Así que decidimos darle una segunda vida y convertirla en una puerta con mucho más carácter.
Lo primero fue preparar bien la superficie. Lijamos toda la puerta para eliminar imperfecciones y conseguir una base adecuada para los siguientes pasos. Después protegimos con cinta y papel todas las zonas que no queríamos pintar.
Para aportar profundidad y un aspecto más elegante, utilizamos listones tipo bizcocho. Los cortamos a medida para crear dos paneles decorativos: uno en la parte superior y otro en la inferior de la puerta. Una vez comprobadas las medidas, los fijamos con adhesivo de montaje y dejamos secar correctamente.
Cuando los listones estuvieron bien sujetos, enmasillamos todas las juntas y uniones para que el acabado quedara uniforme. Después realizamos un lijado suave para dejar la superficie completamente lisa.
Con la preparación terminada, aplicamos la primera mano de imprimación y respetamos el tiempo de secado recomendado por el fabricante. A continuación dimos una segunda mano para asegurar una buena adherencia y un acabado más duradero.
Una vez seca la imprimación, llegó el momento de pintar. Queríamos que la puerta estuviera en armonía con el resto de las puertas de la casa, por lo que elegimos un tono beige arena. Aplicamos la primera mano con un rodillo de espuma, dejamos secar y posteriormente dimos una segunda mano para conseguir una cobertura perfecta.
Para completar la transformación, pintamos las bisagras y los cerrojos con spray dorado, sustituimos la manivela por una nueva y añadimos una mirilla digital, aportando un toque más moderno y funcional.
El resultado ha sido una puerta completamente renovada, mucho más elegante, acogedora y en sintonía con el estilo de nuestro hogar. ¡Esperamos que os guste tanto como a nosotros!